Aquí estoy, al filo del abismo, respirando el aire que se volvió especialmente gélido ese día. El tramo se volvió eterno: no solo por mi caminata pausada, sino que mi reloj comenzó a funcionar en retroceso. Yo avanzaba, el tiempo retrocedía, y todo se desmoronaba. Con cada paso un edificio caía, los letreros se borraban, las plantas morían, las caras se volvían desconocidas. Pronto el pavimento comenzó a caer y parecía que me iba a quedar sin camino pronto. Ahora que no tengo a dónde más caminar, las manecillas están estáticas.
Cae el primer copo de nieve de la tarde y es entonces cuando me doy cuenta de que llegó el momento, el cual nunca pensé que llegaría en un principio. "Ya está", me dije.
Con el segundo copo que cae, el vacío que sentía antes se hace más intenso. La melancolía y la ira me carcome por dentro y voy sintiendo mi cuerpo convirtiéndose en un huero: sin huesos, sin músculos, sin corazón, sin mente. No hay nada, ya no tengo nada, soy ahora un residuo en tamaño humano. Con esa idea, miro al cielo y espero.
Pero cuando el tercer copo aterriza en mi frente, es muy tarde. Bajo mis pies el piso se desmorona y, con un tic-toc en dirección correcta, caigo.
Extiendes tu mano y coges la mía, con una fuerza segura y cálida, mezclada con la ternura y fragilidad que muchas veces sostuve y que nunca pensé que encontraría en el limbo de la estabilidad y la desesperación. Tu empuñadura me hace sentir tu preocupación, como la de una madre cuidando de que su hijo no se pierda entre la muchedumbre. Sé que estás ahí, y trato de sonreir, pero no resisto, mi mano cederá pronto.
"Sigue tomando mi mano," me dices, "yo estaré aquí sosteniéndote hasta cuando sea necesario".
Comienzo a sentirme lleno, recuperando mis huesos, mis músculos, mi corazón, mi mente. Regresan mis fuerzas lentamente y me reincorporo en poco tiempo. Y cuando miro mi reloj, las manecillas parten de las 00:00 horas y siguen su curso normal. Estamos los dos solos en un terreno baldío, destruido. No veo arreglo. Finalmente, me das una razón para seguir vivo:
"Construyamos nuestro propio mundo"
Extiendes tu mano y coges la mía, con una fuerza segura y cálida, mezclada con la ternura y fragilidad que muchas veces sostuve y que nunca pensé que encontraría en el limbo de la estabilidad y la desesperación. Tu empuñadura me hace sentir tu preocupación, como la de una madre cuidando de que su hijo no se pierda entre la muchedumbre. Sé que estás ahí, y trato de sonreir, pero no resisto, mi mano cederá pronto.
"Sigue tomando mi mano," me dices, "yo estaré aquí sosteniéndote hasta cuando sea necesario".
Comienzo a sentirme lleno, recuperando mis huesos, mis músculos, mi corazón, mi mente. Regresan mis fuerzas lentamente y me reincorporo en poco tiempo. Y cuando miro mi reloj, las manecillas parten de las 00:00 horas y siguen su curso normal. Estamos los dos solos en un terreno baldío, destruido. No veo arreglo. Finalmente, me das una razón para seguir vivo:
"Construyamos nuestro propio mundo"

Don't let me go ♪
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