23.8.10

Genialidades del lleva lleva

El transporte público peruano y sus enseñanzas de cada día

Con más de 5 meses de estar parado por 5 o 74 minutos en el paradero Pedagógico esperando el mismo transporte (cuando mi hermano me enseñó me dijo que si quiero irme a mi casa debía tomar la de marrón-beige-marrón, que no me confunda con la naranja-beige-marrón que me llevaba al otro poto de Lima), ya me había independizado de la movilidad escolar. Claro, 74 minutos son más que suficientes para que los jugos gástricos lloren (¡y cuán insoportable es su llanto!), y no puedas callarlos porque el sol que tienes en tu bolsillo lo ahorras junto con cincuenta céntimos más por si el cobrador se pasa de pendejo. Una manera de evitar esto es no perder el tiempo esperando a la marrón-beige-marrón, que casi nunca pasa por la Panamericana Sur, y buscar formas más express de movilizarte. Poniendo en práctica algunas deducciones detectivescas (ésta va a tal sitio, llega hasta tal otro, de ahí me tomo ésta y llego sano y salvo, habilidad que desarrollé yendo a muuuchos talleres de teatro), ya tenía un buen concepto de cómo trasladarme por Lima.

Donde estaba parado, el cielo estaba gris y se descomponía en minúsculas gotas de garúa limeña, típicas en setiembre. La neblina difuminó la Panamericana Sur, pero eso no impidió a los individuos del paradero rojo levantar sus brazos o índices derechos al reconocer las franjas marrón-beige-marrón que pertenecían a la “S”. La puerta del coche se dobló al abrirse y reveló un señor alto, flaco y con bigote mal afeitado, con chaqueta marrón y pantalón beige (me di cuenta tres meses más adelante que así era como se reconocía la empresa) quien publicitaba los próximos destinos a una velocidad fenomenal, sin repetir ni obviar ninguno de ellos. El paradero quedó vacío. Lleva, lleva.


Recordando que éste sería mi medio de transporte por casi lo que restaba de mi vida, sabía que tenía que acostumbrarme al clima que éste nuevo ambiente ofrecía. Un clima generalmente cálido, cuya intensidad se determina por la cantidad de pasajeros que vayan parados; y a veces húmedo, si algún individuo sudoroso se ubica cerca de ti, lo cual curiosamente ocurre justo después de que te has ubicado en un lugar ‘sano’, por así decirlo. Esto, sumado a vientos sonoros que soplan al ritmo de Onda Cero, Zeta Rock&Pop o algún disco bamba de valsecitos criollos. Sólo los más osados luchan la gran potencia de estos vientos con reproductores de música portátiles de potencia mayor. La vista era decorada por stickers fosforescentes que, en la mayoría, contenían el nombre “Dios” como si fuera una marca registrada, y un papel tapiz (parecido a los de consultorio de pediatra) desgarrado, arañado y garabateado.

Ciertas veces percibía un aire de competitividad entre los pasajeros. Ese deseo impulsivo de empujarse entre la multitud y escabullirse lo más rápido posible hasta ese asiento que lo desocupó el treintañero que se bajó en Angamos con La Encalada (el comando para bajar en este punto es “kiosco baja”, lo curioso es que no hay kiosco). En la mayoría de casos, un pasajero se ubica estratégicamente al costado de un asiento y, como tigre a venado, lo acorrala y acecha hasta que el ocupante (Polo baja) lo deje libre e indefenso y pueda ser rápidamente atacado por el depredador. Agradezco haber aprendido esta ley de la naturaleza rápidamente. Pero esta competitividad no siempre funciona. Hay ciertas personas que tienen la habilidad de manipular la mente de un pasajero sentado y de persuadirlo a cederle su sitio. Estas personas, según la ley 2-6-2-7-algo, son conocidas como ancianos, discapacitados, madres gestantes o madres con hijos.

Normalmente en una de las cumbres del silencio dentro del vehículo, una voz áspera y grave acompañado por un chin-chin de monedas rompe la calma exclamando “pashaje, pashaje”. Rápidamente unos 35 chin-chines más se unen al coro. Chin-chin pashaje, chin, óvalo, rrip, chin-chin, pashaje, chin, Molina, rrip, chin-chin, pashaje, chin, Molina, rrip, y sucesivamente. Cuando sea mi turno, pensaba en plena canción de onomatopeyas, debería tener una palabra que me haga bajar donde debo sin irrumpir la musicalidad. El cobrador estaba a dos sitios del mío y no tenía alternativas. La canción siguió así: chin-chin, pashaje, chin, Jockey, rrip, chin-chin, pashaje, ahí en Raúl Ferrero con El Corregidor porfa, pausa de 4 tiempos, miradas, rrip. Qué patético.

La gente venía y se iba, entraba y salía. Algunos entraban y no salían, otros ya estaban dentro y tampoco salían. Pero siempre callados, sin emitir una palabra. Cada vez que escuchaba una voz diferente y mucho más potente y robótica que la del “pashaje”, era la voz de “Muy buenas tardes, señores pasajeros”. No conformes sólo con explicar, por tres o cuatro minutos, su proveniencia y su situación económica, venían con, y cito, "un producto golosinario" para vender a los pasajeros indiferentes y desinteresados. Luego bajaban y desaparecían. Molina baja.

Este paradero es eterno. Tres luces verdes sin avanzar, esperando a que se rellene el coche que vomitó a más del 90% de sus pasajeros, sólo en Molina. Rellénese o no rellénese de pasajeros, a la vuelta hay otro paradero en donde puede parar y alimentarse. De ahí, la avenida La Molina se convierte en la Universitaria y ésta se renombra a El Corregidor. Miro a la ventana, y la reja verde rodeada de arbustos me indica que estoy a unos cien metros de mi bajada.

Paramos en luz roja y con tráfico. Cuando cambie a verde, podré bajarme, pensé. Esperé a que el cobrador exclame “Ferrero baja” y a que espere respuestas (tonto de mí). El recorrido desde la reja verde hasta mi bajada parecía más largo de lo que pensaba. Juraba que era normal hasta que tres o cuatro señoras reclamaron que bajaban en Ferrero, señor, baja, baja. El coche paró y las tías exclamaban que era una barbaridad mientras bajaban y yo las seguía. Finalmente comprendí la barbaridad cuando noté que Ferrero, en vez de estar delante de mí, estaba a dos cuadras atrás. Lleva, lleva, y la combi había desaparecido.

En los cuatrocientos y tantos metros de recorrido hasta mi casa (iban a ser doscientos, de no ser por las cuadras extras) debatí y consideré si la combi era el mejor medio para poder movilizarme por mi cuenta. Que era el más eficiente, era el más eficiente. Que era el más bonito, no era el más bonito. Tal vez pueda negociar movilidades con mis padres.

Mis padres se han rehusado a llevarme a mis clases en Miraflores éstas vacaciones. Vaya, lo que me espera.

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Esta entrada fue originalmente una tarea de mi clase de Comunicación del año pasado, y a mis profesores les gustó y lo publiqué en mi olvidado blog "Genialidades de ayer y hoy" (que tenía solo una entrada, y era esta crónica). Extraño esa habilidad para desarrollar un tema con inicio, nudo y final.


Buenas [[vibras]].

20.8.10

FLDSMDFR

Domina está haciendo su tarea de Británico. Y no sabe encontrar un sinónimo de however. Jahuever.

13.8.10

La música de las masas tiene cara bonita

La música, en su esencia, es la mejor manifestación cultural del hombre, a mi parecer. Recientemente le he atribuido un mayor valor a la música clásica (Rachmaninoff) y a los compositores contemporáneos (Peter Broderick); es decir, música instrumental. Lo que aprecio de este tipo de música es que las melodías y/o armonías atribuyen sentimientos diferentes o (lo que es mejor) imágenes diversas, como si fuera el score de una película (por eso también bienvengo a los compositores de películas como Hans Zimmer). Por consiguiente, ese tipo de música es la cual me empapa de ideas para la escritura, creación de personajes y situaciones (habla el aspirante a cineasta). Dentro de este rubro musical entra un género que tiene un fondo más artístico y profundo que la música clásica: el post-rock, un género que usa instrumentos y elementos del rock para crear mini-películas evocativas donde solo se necesita abrir los oídos y cerrar los ojos (al final de la entrada les dejo con un ejemplo de este género). Como la música debe ser.

Pero parece que el pop que surgió en la década del 2000 ha revertido todo eso: los seguidores de este género cierran los oídos a la esencia de la canción y abren los ojos (y la boca) por aquella figura que canta sobre sus relaciones, rupturas, amores platónicos; e incluso componen canciones egocéntricas, demostrando sin argumentos lo geniales que son. Las letras de este género no evocan, sino enamoran; y lo que es peor, la estética del artista mismo pasa a un primer plano, como lo demuestran las siguientes frases:

"NICK JONAS ESTÁ BUENAZO"
"QUÉ LINDO QUE ES JUSTIN BIEBER"
"AMO LOS TRAJES DE LADY GAGA"

Y no faltan aquellos que responden:

"ES UN GAY"
"¡ES UNA NIÑA!"
"BAH, ES HERMAFRODITA"

Así nos encontramos en una confrontación llena de fantasías con amores platónicos y celos/envidia. Y siendo las apariencias lo que importan, el espectáculo del concierto musical se vuelve una pasarela de chicos bonitos y trajes deslumbrantes, con un fondo musical pegajoso.
Me entristece ver que grandes artistas de la música Folk, y acá ejemplifico a Shakira, dejaran los lados más artísticos de sus carreras para sucumbir ante la empresa chupasangre del pop. ¿Dónde Están Los Ladrones de la inspiración? Adoraba escuchar una Antología de sus canciones y pensar en sus Pies Descalzos, esperando al Octavo Día. Ahora es Inevitable ver a un ícono del Folk como La Loba en el armario. *aullido sensual*. Nelly Furtado sufrió lo mismo, pasando de ser "como un pájaro" a una "come-hombres".

Al fin y al cabo, es una manifestación musical y la respeto por ello, pero no puedo evitar notar que es muy inimaginativa, se basa en la estética del compositor y no de la composición, y se crea con fines enteramente de lucro. Y eso, amigos, le quita la esencia a la música.

No me quemen, solo es una opinión :)

Buenas [[vibras]].
PD: el video prometido antes, la agrupación se llama Do Make Say Think. Que lo disfruten.

12.8.10

Tu mano

Aquí estoy, al filo del abismo, respirando el aire que se volvió especialmente gélido ese día. El tramo se volvió eterno: no solo por mi caminata pausada, sino que mi reloj comenzó a funcionar en retroceso. Yo avanzaba, el tiempo retrocedía, y todo se desmoronaba. Con cada paso un edificio caía, los letreros se borraban, las plantas morían, las caras se volvían desconocidas. Pronto el pavimento comenzó a caer y parecía que me iba a quedar sin camino pronto. Ahora que no tengo a dónde más caminar, las manecillas están estáticas.

Cae el primer copo de nieve de la tarde y es entonces cuando me doy cuenta de que llegó el momento, el cual nunca pensé que llegaría en un principio. "Ya está", me dije.

Con el segundo copo que cae, el vacío que sentía antes se hace más intenso. La melancolía y la ira me carcome por dentro y voy sintiendo mi cuerpo convirtiéndose en un huero: sin huesos, sin músculos, sin corazón, sin mente. No hay nada, ya no tengo nada, soy ahora un residuo en tamaño humano. Con esa idea, miro al cielo y espero.
Pero cuando el tercer copo aterriza en mi frente, es muy tarde. Bajo mis pies el piso se desmorona y, con un tic-toc en dirección correcta, caigo.

Extiendes tu mano y coges la mía, con una fuerza segura y cálida, mezclada con la ternura y fragilidad que muchas veces sostuve y que nunca pensé que encontraría en el limbo de la estabilidad y la desesperación. Tu empuñadura me hace sentir tu preocupación, como la de una madre cuidando de que su hijo no se pierda entre la muchedumbre. Sé que estás ahí, y trato de sonreir, pero no resisto, mi mano cederá pronto.

"Sigue tomando mi mano," me dices, "yo estaré aquí sosteniéndote hasta cuando sea necesario".

Comienzo a sentirme lleno, recuperando mis huesos, mis músculos, mi corazón, mi mente. Regresan mis fuerzas lentamente y me reincorporo en poco tiempo. Y cuando miro mi reloj, las manecillas parten de las 00:00 horas y siguen su curso normal. Estamos los dos solos en un terreno baldío, destruido. No veo arreglo. Finalmente, me das una razón para seguir vivo:

"Construyamos nuestro propio mundo"

10.8.10

Indie para el alma

La curiosidad mató al gato. Eso es tan cierto como que la curiosidad nos hace tropezar con cosas interesantes. Encontré una canción Indie de un grupo Indie que nunca había escuchado (por eso le dicen Indie, cierto? work it out). En general, la canción es plana, pero tiene un ritmo activo el cual, mezclado con una melodía melancolijilla, le quita la monotonía a la canción. El video es una propuesta interesante, asimismo. Sit back, enjoy.




Buenas [[vibras]] y buenas noches.

Luces frenéticas.

Hola, nuevamente. YGriega al teclado. Bajo unos cambios bizarros, con otros cuatro blogs olvidados y con ganas de escribir. Cualquier cosa; cualquier idea; cualquier eme.


Escribo en Helvetica: sí, esa fuente que aparece por todos lados en las fotos de Flickr e Imgfave. Recién me entero que Blogger la incluía. ¿Pueden creer que la última entrada que publiqué en un blog (Yo hanneo) fue el 16 de julio...del AÑO PASADO? No significa que no haya estado productivo. El papel en blanco se convirtió en mi escape. No obstante, no veía maneras de compartir mi mente. Hoy decidí comenzar otro blog.


Estoy en clases, pero a la vez no estoy en clases. Hoy regresé al colegio después de tres semanas de ausencia, cuando debieron haber sido dos. Hace poco cuestioné todo: mis padres, mi colegio, mi entorno (detalles en entradas posteriores). Llegué a la conclusión de que el colegio sirve como brújula, pero no como el profesor de la vida. Es necesario terminarlo, habiendo entrado a la segunda mitad de mi último año escolar. Pero lo terminaré a mi manera, basado en lo que yo quiero hacer. Dadas mis buenas notas en Matemática, Aritmética y Geometría, he sido exonerado de esos cursos, por la directora de mi colegio, para abrir más espacios para que yo pueda escribir (más detalles en entradas posteriores).


Eeeeel punto es, estoy en mi exonhora (mi hora de exoneración de matemáticas) comenzando este blog. A escribir se ha dicho. Siéntanse libres de comentar esta entrada y cuéntenme sobre su colegio: si es acogedor, estricto, grande, chico; si se han cambiado de colegio, si quisieran cambiarse; si lo han terminado o no; alguna anécdota...en fin. Lo que quieran.

Es hora de recreo. Me mandaron Froot Loops en la lonchera.


Buenas [[vibras]].