¿Estaría bien?, los demás se preguntaban. Habían pasado siete meses y medio y aún seguía durmiendo. Como una roca. Faltó al colegio, a las reuniones, a sus actividades preferidas. No sintió los suplicios de la gente, las piedras lanzadas a su ventana, las marchas, la música, las estaciones...la humanidad en sí. Permanecía envuelto en su coraza, nada del mundo exterior podía metérsele.
La única que podía hacer algo al respecto era Solada, pero nadie lo sabía. Solada, desde antes, había desarrollado un particular interés por Talbot. Ella podía sentir en él una sensibilidad especial, detrás de esa constante alegría. Lo sentía cada vez que miraba su sonrisa, feliz y con un secreto.
Solada fue a casa de Talbot.
"Sí, ¿quién es?", respondió la madre.
"Soy Solada. ¿Se encuentra Talbot?"
"Sigue durmiendo."
"Lo sé. ¿Puedo pasar?"
Hubo, en el intercomunicador, una pausa corta pero suficiente para mostrar el desconcierto de la madre. Solada pasó a la sala, y la madre le invitó un vaso con agua.
"No entiendo por qué duerme tanto. Es un chico sano, alegre, activo y muy bueno. Trae amigos a la casa, sale con ellos. Nunca lo he visto triste en tres años."
Solada meditó unos instantes. Luego le preguntó si podía subir a verlo. La madre se intrigó, pero aceptó. Subieron juntos. Cuando llegaron al cuarto, la madre se quedó parada afuera, y Solada entró. Tolbat seguía en posición fetal, como cuando cayó dormido por primera vez.
Se sentó junto a él. Escuchó su respiración, tenue pero agitada. Tocó sus manos; estaban frías. Vio la cicatriz que se había hecho ese mismo año, y con el gentil toque de Solada, el cuerpo entero de Tolbat se sacudió ligeramente. No se despertó. Ella lo miró y lo vio en su faceta más sensible, sin máscara. Se acercó a su oído.
"No duermes porque tienes sueño. No duermes porque estás enfermo."
Talbot abrió los ojos. Solada no se dio cuenta.
"Duermes porque quieres escapar."
Talbot soltó una lágrima, y ella tampoco lo notó.
"Si sigues escapando de esta manera, nunca vas a despertar."
"¿Qué hago, entonces?", replicó el dormilón, con un murmullo.
"Habla con alguien.", le respondió con un beso en la cabeza.
Salió del cuarto, agradeció a la madre y volvió a su casa.
Tolbat despertó al día siguiente. Regresó al colegio días más tarde y, cuando llegó, lo primero que hizo fue buscar a Solada. Cuando la encontró, le dijo:
"Tengo sueño."
A lo que Solada respondió, con una sonrisa en la cara:
"Tengo tiempo. Te escucho."
Buenas [[vibras]].

Like a la gente como Solada :)
ResponderEliminarSiempre he creído que dormir es la solución momentánea a todo. Cuando me siento mal, duermo, es como morir por un corto plazo de tiempo.
ResponderEliminarPero sólo eso, un corto plazo.
Lindo blog,
un abrazo :)
Muy cierto, Domina. Solada es un ejemplo de lo que necesitamos: alguien que nos escuche.
ResponderEliminarMe despertaste una curiosidad, Aixa: si dormir es morir por un corto plazo de tiempo, entonces al morirnos, de verdad, soñaremos por siempre?
[[vibras]] a ambas :)