Muchos no pudieron dormir el dìa anterior, o destrozaron sus propias uñas con la ansiedad de si entrarían al Amateur o no. La tensión era tal en algunos que decían que se tirarían del Villena si no los elegían. Más aún, porque Renato había alterado algunos con sus razonables predicciones (y que resultaron ser bastante acertadas). Él no estaba seguro de sí mismo porque Burro, el profesor, lo trataba como si no quisiera que entrara. Chapu y yo, decía, ya estábamos fijos en el próximo campeonato. Otras opciones casi fijas eran Lucía, Valeria, Joyo, Gonzalo y Alexandra. Nada estaba dicho aún.
El mismo día, Burro cogió la exitosa carpeta y se sentó en medio del escenario, los demás en las tribunas abrazando al del costado, cruzando los dedos y mordiéndose los labios, murmullos que cesaron cuando, con una cara de disculpa hacia los que no sean elegidos, Burro comenzó a hablar (el que habla primero, Burro será).
El primer equipo era Renato, Chapu, Lucía y Rodrigo del Río. Rodrigo fue el que más se emocionó. Tres talleres y ya había mejorado su juego en el escenario. Se lo merecía.
"El segundo equipo está conformado por Johann, Álvaro Joyo, Valeria Cornejo y Mateo Peñaherrera." No grité ni me emocioné cuando mencionaron mi nombre. No por atorrante ni nada, sino porque me demoro horas, e incluso días en mostrar emoción hacia una situación que muchos considerarían que se debería mostrar una gran reacción.
Los respectivos capitanes de dichos equipos eran Chapu y yo. Admito que cuando me mencionaron capitán de mi propio equipo, sonreí de cachete a cachete y me reí de lo inverosímil que parecía. Muchos me dijeron "buena, Johann, la hiciste".
Pero la felicidad no duró mucho. Lo primero que le dije a Joyo fue: "chucha, Dalís". Y a él también se le fue la sonrisa de la cara. Para Dalís, la impro es todo. Todavía no llegaba, así que no escuchó el veredicto final. Ella me convenció de no salirme del campeonato, como lo había hecho en el anterior, con los Improlopitecus. Es más, ella tomó mi lugar a mi retiro. Pero ahora ella quería jugar en el mismo campeonato que yo, y si era posible, en el mismo equipo. "Si no me eligen", me decía, "me tiro del Villena, te juro."
Felizmente no se ha tirado. Pero le afectó mucho cuando lo descubrió, cuando llegó 10 minutos después del veredicto. Cuando se enteró, hubo un pequeño cambio en sus ojos. Algunos no lo reconocieron, pero incluso a 6 metros de distancia, pude notar su decepción.
Me sorprende que en ese momento pensaba que lo había perdido absolutamente todo, que se iba a rendir tan rápido. Me dijo que no era buena en nada, que todo lo que hacía le salía mal, y todo lo que quiere al final se le va. Que toda su vida iba en picada hacia abajo. Bueno, le di una pastillita para el alma:
"No te debes rendir. Puedes fallar una y otra vez en las cosas que haces, pero la mayor falla que puedes cometer es no volver a intentar."
Siguiendo con mi filosofía de la impro como una forma de vida, le dije:
"Estás en una impro y te acaban de plantear un conflicto, algo que te hizo pensar "fsdkfhsdlf ahora qué hago?"; bueno, lo que NO debes hacer es correrte e irte a reserva, porque esta impro dura 100 años, y debes mantenerte en cancha hasta que el árbitro diga que se ha acabado. Eres la protagonista. El protagonista siempre se encuentra con conflictos. Los jugadores en la banca te podrán ayudar, pero eres tú quien debe tomar la mayoría de las decisiones para lograr el objetivo de tu personaje. Y ese objetivo es ser feliz."
Uno de las cosas que aprecio mucho de Dalís es que ella es una de las pocas personas que entiende cuando le hablo de la impro, y cómo la impro puede aplicarse a la manera de vivir la vida. Es una filosofía entre las millones que existen, pero a los dos nos funciona muy bien. Y a Dalís, sobretodo, porque debe ver que estar en los talleres de impro no se trata solo de lograr entrar al campeonato, y de aprender a jugar por el espectáculo.
Es que la impro es la vida.
Y la vida es una impro.
Buenas [[vibras]].
Me sorprende que en ese momento pensaba que lo había perdido absolutamente todo, que se iba a rendir tan rápido. Me dijo que no era buena en nada, que todo lo que hacía le salía mal, y todo lo que quiere al final se le va. Que toda su vida iba en picada hacia abajo. Bueno, le di una pastillita para el alma:
"No te debes rendir. Puedes fallar una y otra vez en las cosas que haces, pero la mayor falla que puedes cometer es no volver a intentar."
Siguiendo con mi filosofía de la impro como una forma de vida, le dije:
"Estás en una impro y te acaban de plantear un conflicto, algo que te hizo pensar "fsdkfhsdlf ahora qué hago?"; bueno, lo que NO debes hacer es correrte e irte a reserva, porque esta impro dura 100 años, y debes mantenerte en cancha hasta que el árbitro diga que se ha acabado. Eres la protagonista. El protagonista siempre se encuentra con conflictos. Los jugadores en la banca te podrán ayudar, pero eres tú quien debe tomar la mayoría de las decisiones para lograr el objetivo de tu personaje. Y ese objetivo es ser feliz."
Uno de las cosas que aprecio mucho de Dalís es que ella es una de las pocas personas que entiende cuando le hablo de la impro, y cómo la impro puede aplicarse a la manera de vivir la vida. Es una filosofía entre las millones que existen, pero a los dos nos funciona muy bien. Y a Dalís, sobretodo, porque debe ver que estar en los talleres de impro no se trata solo de lograr entrar al campeonato, y de aprender a jugar por el espectáculo.
Es que la impro es la vida.
Y la vida es una impro.
Buenas [[vibras]].
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