Yo te dije, esto no va a funcionar. No conmigo así, bajo tanta presión. No con mis dudas, con mis conflictos, con mi desesperación. No con un pasado cuyas influencias aún me atormentaban con la duda bipolar de si eran buenas o malas. No así, estoy bien jodido.
Tú estabas confundida, pero porque yo permití que te confundieras. Sin explicaciones, esperé que todo sea igual como antes, pero definitivamente tu mundo dio un giro de ciento ochenta, y nada sería lo mismo, al menos para ti. Desde ahí, las promesas que nos dijimos, los votos que nos juramos, regresaron a las películas y los libros de donde los sacamos, para que sean adoptados por otros tórtolos sin imaginación. Ya no estarías ahí para mí, sin que cruce por tu mente el hecho de no regresar. Ya no me escucharías como antes, porque tu corazón estaría escuchando una triste canción de amor. Ya no me darías tu confianza, pues sin la inútil etiqueta de “enamorados”, volverías a encerrarte en tu caja de cartón.
Una de las cosas que odiaba (me parecía sumamente tedioso) de ti fue tu máscara. Tu máscara era una chica feliz, sin preocupaciones, fantasiosa, simple, y de poca capacidad de palabras. Cuando vi esa máscara pensé que no siempre estabas con ella, pero luego al ver que te la ponías incluso en las conversaciones más profundas y serias, comenzaba a dudar. Me pedías que hable con términos más simples, cuando yo ya no podía simplificar la palabra “subconsciente”. Entonces no podía hablar del subconsciente, o plantearte un punto de vista o una filosofía, porque al final me mirabas con confusión y decías: “¿ah?”.
Comencé a cambiar no por ti, sino por el mundo exterior porque, creas o no, no eras el centro de mi mundo ni el motor de mi vida. Lo peor fue que tú estuviste ahí, cuando el mundo me parecía tan aterrador que me sentía indefenso y desesperado. Y nunca me había mostrado más vulnerable en mi vida que aquella noche que aparecí en la puerta de tu casa, te abracé, me arrodillé y lloré.
Te conté todo: mi infancia llena de molestias de parte de chicos de mi colegio, de peleas y humillaciones; de cómo cambié enteramente por una chica que se dedicó a convertirme en una mejor persona, y que aunque ya no sepa dónde está, siempre se lo agradeceré; de cómo mi inocencia fue corrompida por mis primos y primas de Oxapampa, pero así me convertí en un “sex symbol” a partir de entonces; de mis numerosos escándalos por besar a varias chicas; del día que me enamoré de ti; del día que mi mundo se vino abajo, y de cómo tú me apoyaste bastante; de la experiencia que marcó la inestabilidad de nuestra relación; de mis mentiras y mi actuación; y de mi primera pasada de alcohol. Todo esto explicado a la manera de línea de tiempo y de forma literal. Las palabras solo salían, y eran las más simples. Y te miraba de rato en rato y veía tus ojos posados en mí. Pensaba que en serio no solo me escuchabas, sino me estabas entendiendo por fin. Y pensé que con esta escena, con este diálogo que me permitió exorcizar mis demonios, podríamos volver a comenzar.
Y, sin embargo, lo único que hiciste fue mirarme con confusión y decir: “¿ah?”.
x.x
ResponderEliminarMuy, muy sódico.
Catarsis? Me preocupo.
Hubo un momento donde no respiraba.
Explanation and hug needed.
Es sódico. Es algo que debí haber escrito hace tiempo. Nada, estaba en mi exonhora, vi una de las frases que apunté (la que corresponde al título) y mis dedos jugaron libremente con las palabras y mis memorias. Relajación, la catarsis ya pasó. Lo curioso fue que me sentí más ligero cuando terminé esta entrada. Buena manera de exorcizar los demonios que llevamos dentro.
ResponderEliminar"Hubo un momento donde no respiraba". Wow.
Explanation coming soon to a theater near you.
Merci, Domina. [[vibras]]
MIEEEEEEEEEEEEERCOLES, QUÉ RICA ENTRADA
ResponderEliminaruna de las mejores que he leído hasta ahora. Sí he sentido lo mismo que tú, una de las cosas más lindas de estar enamorados es poder tener conversaciones profundas y no usar esa máscara cuando eso suceda.
otro abrazo :)