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15.10.10

Conversaciones con Martorell (I)

En biblioteca, haciendo un trabajo. En una mesa, se sentaban varios postulantes, que conversaban sobre sus posibles universidades, las modalidades de ingreso, y la Pre. En la otra, Carlos Martorell y yo. Ninguno avanzaba el trabajo; dos alpinchistas, pero con algunas diferencias en ideologías.

-¿Sabías que tú puedes hacer lo mismo que ellos, y mil veces mejor? -me pregunto, refiriéndose a los de la otra mesa, y apelando a mi talento académico, desperdiciado por mi asimilación de alpinchismo máximo.
-Sí -le respondí con poca importancia.
-¿Y que puedes entrar a cualquiera de sus universidades sin problema? -en la otra mesa habían mencionado incluso a la Católica y la Cayetano, pero para medicina yo no estoy.
-Sí.
-Y si lo sabes, ¿por qué no entras a ninguna?
-No quiero, -le reiteré. -no me convence la idea de ir a una universidad.

En un principio fue por la idea de los Estudios Generales; siempre he estado en contra de ellos, pues son similares a uno o dos años extra de colegio. Luego, había asimilado la idea de un año sabático, el cual voy a tomar el próximo año. De ahí, quién sabe, podría considerar algún estudio superior. Pero a lo largo de este año, me quedé aferrado a la idea de que se puede ser exitoso sin tener que hacer estudios superiores (miré el caso de Tarantino, y muchas personas me repetían que yo "no soy Tarantino"). Quiero que mi camino al éxito sea lo más independiente posible.

-Entonces, eres un anti-sistema. -continuó Martorell.
-¿Un qué?
-Un anti-sistema, que vas en contra del sistema. Eres del tipo de personas que comienzan las revoluciones. Incluso eres de las personas que, tarde o temprano, terminarán estudiando Derecho en alguna universidad.
-¿Revoluciones? ¿Derecho? -me sentí insultado.
-Normalmente, esas personas tienen muchos problemas. Te van a joder más. Dime, ¿quieres ser feliz?
-Todos queremos ser felices. -él ya sabía esto, pero me parece que a veces se lo olvida. -Yo no soy la excepción.
-No te entiendo. ¿Eres un ati-sistema y quieres ser feliz? ¿Acaso eres masoquista?
-¿Qué es lo raro? ¿Acaso tengo que "seguir el sistema" para ser feliz?
-Si no quieres pasar por la calle siendo señalado con el dedo, sí.
-¿El sistema te dice, entonces, que para ser exitoso hay que ir a una universidad?
-O algún instituto de estudios superiores, sí.

Martorell a veces se pone irritante con su realismo extremista.

-Lo dices solo porque la sociedad y la razón común te han hecho aceptar que el éxito se consigue así. -le repliqué.
-Lo digo porque es verdad -me respondió con certeza. -y porque es el camino más fácil.
-No, Martorell. Yo no pienso así. Tú no puedes decir que esa es la única manera porque no has experimentado todos los caminos. Yo tampoco puedo decir lo mismo de mi elección, pero me gustaría entrar en la aventura. Nunca sabré si seré exitoso o fracasaré si no lo intento, si sigo con lo que me dice el "sistema".
-Bueno, -respondió -que tengas suerte en eso.
-¿Es una apuesta? -le pregunté con una sonrisa.
-Sí. -dijo con picardía y algo de inseguridad.

Luego nos dimos la mano. Él sacó "La náusea", de Jean-Paul Sartre.




 


















Imagen de aquí

3.9.10

Día de la verdad.

Muchos no pudieron dormir el dìa anterior, o destrozaron sus propias uñas con la ansiedad de si entrarían al Amateur o no. La tensión era tal en algunos que decían que se tirarían del Villena si no los elegían. Más aún, porque Renato había alterado algunos con sus razonables predicciones (y que resultaron ser bastante acertadas). Él no estaba seguro de sí mismo porque Burro, el profesor, lo trataba como si no quisiera que entrara. Chapu y yo, decía, ya estábamos fijos en el próximo campeonato. Otras opciones casi fijas eran Lucía, Valeria, Joyo, Gonzalo y Alexandra. Nada estaba dicho aún.

El mismo día, Burro cogió la exitosa carpeta y se sentó en medio del escenario, los demás en las tribunas abrazando al del costado, cruzando los dedos y mordiéndose los labios, murmullos que cesaron cuando, con una cara de disculpa hacia los que no sean elegidos, Burro comenzó a hablar (el que habla primero, Burro será).

El primer equipo era Renato, Chapu, Lucía y Rodrigo del Río. Rodrigo fue el que más se emocionó. Tres talleres y ya había mejorado su juego en el escenario. Se lo merecía.

"El segundo equipo está conformado por Johann, Álvaro Joyo, Valeria Cornejo y Mateo Peñaherrera." No grité ni me emocioné cuando mencionaron mi nombre. No por atorrante ni nada, sino porque me demoro horas, e incluso días en mostrar emoción hacia una situación que muchos considerarían que se debería mostrar una gran reacción.

Los respectivos capitanes de dichos equipos eran Chapu y yo. Admito que cuando me mencionaron capitán de mi propio equipo, sonreí de cachete a cachete y me reí de lo inverosímil que parecía. Muchos me dijeron "buena, Johann, la hiciste".

Pero la felicidad no duró mucho. Lo primero que le dije a Joyo fue: "chucha, Dalís". Y a él también se le fue la sonrisa de la cara. Para Dalís, la impro es todo. Todavía no llegaba, así que no escuchó el veredicto final. Ella me convenció de no salirme del campeonato, como lo había hecho en el anterior, con los Improlopitecus. Es más, ella tomó mi lugar a mi retiro. Pero ahora ella quería jugar en el mismo campeonato que yo, y si era posible, en el mismo equipo. "Si no me eligen", me decía, "me tiro del Villena, te juro."

Felizmente no se ha tirado. Pero le afectó mucho cuando lo descubrió, cuando llegó 10 minutos después del veredicto. Cuando se enteró, hubo un pequeño cambio en sus ojos. Algunos no lo reconocieron, pero incluso a 6 metros de distancia, pude notar su decepción.

Me sorprende que en ese momento pensaba que lo había perdido absolutamente todo, que se iba a rendir tan rápido. Me dijo que no era buena en nada, que todo lo que hacía le salía mal, y todo lo que quiere al final se le va. Que toda su vida iba en picada hacia abajo. Bueno, le di una pastillita para el alma:

"No te debes rendir. Puedes fallar una y otra vez en las cosas que haces, pero la mayor falla que puedes cometer es no volver a intentar."

Siguiendo con mi filosofía de la impro como una forma de vida, le dije:

"Estás en una impro y te acaban de plantear un conflicto, algo que te hizo pensar "fsdkfhsdlf ahora qué hago?"; bueno, lo que NO debes hacer es correrte e irte a reserva, porque esta impro dura 100 años, y debes mantenerte en cancha hasta que el árbitro diga que se ha acabado. Eres la protagonista. El protagonista siempre se encuentra con conflictos. Los jugadores en la banca te podrán ayudar, pero eres tú quien debe tomar la mayoría de las decisiones para lograr el objetivo de tu personaje. Y ese objetivo es ser feliz."

Uno de las cosas que aprecio mucho de Dalís es que ella es una de las pocas personas que entiende cuando le hablo de la impro, y cómo la impro puede aplicarse a la manera de vivir la vida. Es una filosofía entre las millones que existen, pero a los dos nos funciona muy bien. Y a Dalís, sobretodo, porque debe ver que estar en los talleres de impro no se trata solo de lograr entrar al campeonato, y de aprender a jugar por el espectáculo.

Es que la impro es la vida.
Y la vida es una impro.


Buenas [[vibras]].